September 23, 2004

Tenemos que hablar, diario mio

Que alguien está fisgoneando lo que te escribo es ya un hecho comprobado. Ignoro si nos espían con unos binoculares o de otra manera, pero este no es un medio seguro. Por lo tanto, a partir de ahora procuraré no hablar del comunismo ni de aquello que tú y yo sabemos.

Bien, dicho esto, te contaré lo maravilloso que ha sido el día. Para empezar ha sido un día soleado, que buena falta nos hacía y además levanta el ánimo de los apesadumbrados. Por ello las personas que andaban por la calle lucían una expresión más despreocupada, casi como los habitantes de los paises del sur de Europa. De vez en cuando es bueno que haga sol, porque las plantas lo aprovechan para su fotosíntesis y, qué caray, las personas parecen más del sur de Europa. Insisto en ello porque está bien que parezcan eso de vez en cuando, pero no sería conveniente que se convirtiera en habitual, porque allí las personas, si bien sonríen más y son más despreocupadas, también se dejan llevar por la vida fácil y pierden el decoro y el respeto hacia los demás, y acaban holgazaneando durante casi todo el día. Y esto hace que la vida allí sea en general más desagradable para las personas de temperamento más tranquilo y más aficionadas a la cultura y al orden. Ya sabes que a parte de algunas zonas de Italia en épocas muy concretas los logros de la civilización occidental se han dado siempre en zonas más septentrionales. Más abajo es habitual oir gritos entre seres humanos, o mujeres colándose en las paradas de autobús.
Por eso es bueno el sol, pero de vez en cuando, no se vaya a estancar el desarrollo occidental, que es el espejo en el que debería reflejarse el resto del mundo.

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